Mis ojos se quejan y creo que van a llorar, me duele la cabeza y siento que va a estallar.
Desde la noche anterior me duermo pensando en amanecer temprano para hacer… lo primero que se me antojara, las actividades en esta gran ciudad sobran: visitar algún museo, caminar por el centro, desayunar en el Sanborns de los Azulejos, tomar un café en la Condesa o Coyoacán. Cualquier cosa que me ayude a salir de la rutina.
Sábado 28, despierto muy temprano decidido a aprovechar el día, la buena música que escucho en el despertador me ayuda a mantener el buen ánimo, pero volteo a la ventana y la vista me dice que no es tan buena idea. Afuera (y aún en la comodidad de mi cama) hace un frío que se antoja insoportable, el cielo nublado, cerrado, gris, no deja ver ni el más mínimo destello de luz, un asomo siquiera de sol que me de a entender que en algún momento la situación mejorará. Parece que los pájaros se han dado cuenta de lo mismo pues, o es muy temprano, o simplemente no quieren amanecer tampoco. Todo permanece callado y quieto. Creo que ni el mismo viento ha despertado pues no escucho a las hojas de los árboles bailando con él.
Estos días he intentado (sin mucho éxito) levantarme a correr por las mañanas antes de iniciar mis actividades, pero la comodidad de la cama, la manera de informar de Carmen Aristegui y el aroma del café me lo han impedido. Hoy estaba completamente decidido a darme una última oportunidad, ni siquiera el mal tiempo, el frío ni ninguna otra situación me lo iba a impedir. Correría media hora en el parque (previo calentamiento para no lastimarme), después haría un poco de pesas y abdominales y finalmente me metería a bañar para iniciar, ahora sí completamente despierto, lo que tenía pensado como un gran día.
Mientras pienso en todo esto termina la programación musical y comienza el noticiero de la mañana. Enrique Hernández me desea un buen día, y hasta ese momento así lo tenía planeado, pero al parecer el periodista no está de acuerdo en que lleve a cabo mis planes. “Les informamos que por la falta de viento y los altos índices de contaminación en el medio ambiente, fue declarada media contingencia el día de hoy, la cual comenzó desde las cinco de la mañana y terminará hasta las diez de la noche. Les recordamos que no pueden circular los autos con placas de otros estados y no es recomendable hacer ejercicio ni actividades al aire libre. De continuar así el día de mañana se aplicará el plan completo de contingencia ambiental”.
Está bien, no puedo salir a correr por el riesgo a la salud que esto implica y, de todas maneras, en la semana sólo lo hice dos días. Aprovechando la pereza matutina tampoco haré ejercicio, pero contingencia o no seguiré adelante con mis planes, nada puede impedirme un café en algún buen lugar condesino o una caminata en la plaza de Coyoacán (únicamente la lluvia). Decidido a esto me dispongo a bañarme pero creo que el agua se enteró de la contingencia y no pretende salir el día de hoy. “Bueno, me bañé en la noche no hay tanto problema”. Me visto, desayuno un par de tlacoyos y cojo mi cartera, busco algunas monedas, sólo las suficientes para tomar un camión y algunos cafés. Busco hasta el fondo, en el último rincón, nada. Suelo guardar el cambio en una caja que pongo sobre el librero, pero también está vacía. Ni una sola moneda, no hay ni diez centavos (y de haberlos no me servirían de mucho).
¡Decidido! Me quito la chamarra, aviento la cartera, prendo la tele, me echo en el sillón. Contingencia o no, hoy yo no circulo.
Y como le hago para usar la misma excusa de contingencia ambiental en medio del bosque??? ahhh pero no me quedo muda, el frio de menos 30 bajo cero sera suficiente excusa para mi esta temporada para que, igual que mi guapisimo y queridisimo Hassy, quien quiero con todo el corazon, me quede en casa y diga: hoy no circulo!